martes, 2 de julio de 2013

Desafinada y Feliz



Toda mi vida he tocado un instrumento desafinado: el piano. 


Realmente desconocía el mundo de la preocupación por estar afinado, sobre todo por el hecho de que los pianos están allí, uno como ejecutante toca, se queja y ya.

Hoy, por primera vez participé en un recital como solista tocando guitarra, llevo apenas algunos meses relacionándome con el instrumento.


La cuestión fue la siguiente, estaba esperando mi turno para tocar y le pedí a mi novio –guitarrista- que afinara la guitarra, la probamos y estaba afinada, me levanté cuando fue mi momento, y fui hasta el frente para tocar, no probé la guitarra –novatadas- y empecé a tocar, me di cuenta que se habían desafinado dos cuerdas. Fue un momento sumamente especial para mí, no sabía si parar para afinar o seguir, y pues seguí, así desafinada y todo.


En ese momento de nanosegundos pasaron muchas cosas en mí: no sabía si detenerme o seguir, pensé entonces que tenía que compensar con mi interpretación la desafinación, que aparte, desde un principio ya lo estaba haciendo.  Lo mejor fue el hecho de que la memoria muscular respondía y tocaba en una posición y que el sonido no sea la respuesta que estaba esperando la memoria auditiva, eso fue increíble yo decía “pero que pasó si esta son las notas, ah... la cuerda.” 


Aún desafinada hubo gente que me felicitó. Así como otras personas sólo se fijaron en que estaba desafinada la guitarra. No es una cuestión de capacidad, ni siquiera la cuerda depende de mí, como la voz o un instrumento de viento y aun así, fue una cuestión de decisión yo cometí el fallo de no probar y me confié, falta de experiencia, claro está, y después de empezar decidí seguir así y vivir plenamente todas las nuevas cosas que estaban pasando en ese momento.


Venga que a Liszt que desafinaba el piano para encontrar nuevas sonoridades le hubiese gustado ese toque chocante de la situación. Y claro que nuestro sistema de afinación temperada es una desafinación conveniente, así que la desafinación de la cuerda es con referencia a ese sistema.


No estoy justificando la desafinación, ni mucho menos, estoy mostrando otro lado, otra cara, mi experiencia, un más allá de otras posibilidades. También entiendo el choque de que no sea lo que se espera, de mi lado fue increíble la sensación como lo mencioné más arriba. Aunque también entiendo del lado del público el choque que pudo ocasionar, pero de los músicos puedo decir que si son músicos sinceros y de verdad, con esto me refiero a que sepan lo que es el performance, sé que entenderían. 


Yo disfruté mucho de lo que hice y de mi interpretación, y la gente que sabe ver más allá lo supo apreciar, en cuanto a los que sólo se fijaron en la cuerda desafinada, es su problema ver lo negativo, no el mío, yo me la pasé muy bien.




miércoles, 19 de junio de 2013

Catersis



     Normalmente andamos por la vida emitiendo juicios que, sin medir las consecuencias, acariciamos con espinas las heridas de otros.

     Cuando nací mis padres eran de una edad avanzada, sobre todo para tener hijos. No estaba en sus planes tener hijos, por razones casi obvias.

Los abuelos que llegué a conocer también eran adultos muy mayores. 
A menudo escuchaba de mis compañeritos que si mi mamá era mi abuela, porque se parecía a sus abuelas. 

     Una vez en una consultorio una señora me preguntó si no era difícil tener una mamá tan mayor porque seguramente era muy “jodida”, lo que no sabía nadie es que era lo mejor, porque mi mamá decía “cuando el anciano recuerda su juventud, le dice al joven que haga lo que se le dé la gana”, por su puesto, una metáfora con respecto a las represiones, no al libertinaje. 

     Todo lo que me enseñó mi mamá lo hizo con un cuento y una canción.

Como viví con mi mamá y mis dos abuelos -sus padres- me decían algunas personas que yo “olía a viejo”, sin saber que es mi olor favorito.
Para mí es el mejor perfume que pueden tener un libro y la vida, sin contar el queso y el vino. 

     Mis padres aunque no tenían la fuerza de la juventud, tenían esa nívea cosa que solo se consigue con los años: sabiduría. 
Tampoco tenían ya salud, se les había ido a otro lugar y no se dieron cuenta porque estaban muy ocupados trabajando para que sus hijos no pasaran la precariedad de una postguerra.

     Sin embargo, hoy paso la precariedad de su ausencia, y esa creo que es una de las más grandes enseñanzas que me dejaron.

     Tanto así, que mi mamá siempre decía que me quedaría joven sin ellos –físicamente- y me preparaba para eso–como si eso se pudiera hacer- pero fue tan mágica que lo supo hacer y es por eso que hoy puedo escribir esta nota, con pedacitos de limón. 

     Siempre me quejo de los estándares, los estereotipos, lo convencional, lo normal, la sociedad y de esas cosas, típicas de un alma con revoluciones en segundos cósmicos como la mía, entonces me encanta mi historia, es profunda, interesante, diferente y es el motor que me impulsa para poder hacer algo más grande por mí y para otros.

martes, 4 de junio de 2013

Y siguen las Reflexiones Musicales



     Siguiendo el ciclo de reflexiones musicales, hoy me gustaría dar continuidad a una idea plasmada en la entrada anterior.


     Se puede evidenciar como la dinámica del hogar “estándar” sigue estando hasta en lo más mínimo.


     Normalmente quienes están en la escuela y esto va también para la educación primaria, son las mujeres, no hay maestros hasta el bachillerato y la universidad, que te encuentras con profesores.


     Cosa con la que no estoy totalmente de acuerdo, creo que se necesita también la imagen masculina en la escuela. Cuando yo estudié era el profesor de música y el de educación física. Siempre los que entran y salen, los que están afuera, como normalmente lo está papá. Quien pasa en el salón encerrado con los niños la mayor parte del día es la maestra, como mamá.


     Es el estándar de muchos hogares, incluso en los que mamá también trabaja. ¿Pero y los niños que tienen otra realidad en sus hogares?


     En la educación musical inicial son mujeres las que trabajan con los niños, no por capricho, sino por razones pedagógicas y biológicas.


     El primer timbre con el que un niño tiene contacto es con la voz de la madre, esto se puede resaltar de los estudios que hizo Tomatis, con el efecto Mozart.


     La música y el aprendizaje son imitativos, para un niño se asemeja a su voz más la de una mujer que la de un hombre para poder imitarlo. En este caso los hombres tendrían que entrenar su “falsete” para poder lograr un contacto con el niño.


     Éstas y algunas otras razones son las que alegan los pedagogos musicales del porqué en la educación inicial es preferible una mujer.


     Como se puede notar, ahora también son los hombres quienes pasan por las consecuencias sexistas. ¿Será que la famosa igualdad de género en vez de conseguirla mediante las mismas oportunidades para ambos las conseguimos mediante las mismas censuras?

     
     Sin embargo, los argumentos me parecen válidos pero seguimos evidenciando esa dinámica del hogar.


     Las orquestas infantiles generalmente son dirigidas por mujeres, son éstas las que más allá de la etapa inicial siguen dando clases, pero poco se ve a una mujer “matando tigre” en un café, por lo general son hombres, y es donde se sigue viendo esa dinámica de la mujer en casa –en la aula- y el hombre en calle –matando tigre-. 

Aún con sus excepciones, esta dinámica sigue la regla.

martes, 28 de mayo de 2013

Reflexiones Musicales



Quiero hacer un ciclo de reflexiones acerca de mi experiencia en el campo de la música, prácticamente estoy en él desde siempre. 

Hay preguntas que me cuestionan y por eso existe la necesidad de escribirlas.

¿Existirán carreras sexistas? ¿Hay aspectos sexistas dentro de las carreras en sí?

A menudo estoy en un salón de clases con veintisiete hombres y tres mujeres, o veinticuatro hombres y yo como me sucedió en un taller de improvisación con Gerry Weil.

La música a lo largo y ancho de la historia ha sido parte intrínseca del hombre, en muchos casos es un reflejo y una expresión de sí mismo y con esto no me refiero al aspecto individual sino también colectivo que forma una sociedad, es un código extralingüístico que encierra un montón de significados y en muchas situaciones es bueno y hasta necesario identificarlos.

Nuestra “historia de la música” a menudo es una adopción histórica de la historia musical europea, por múltiples razones. (Sería muy útil pensar cuáles son esas razones.)

Por ende  se puede notar la discriminación sexista que existía (¿existe?).  

Por ejemplo las mujeres no podían tocar, ni cantar ni menos componer como trabajo, en el ámbito coral se puede notar con los famosos  Castrati

Digo como trabajo porque quizás desde finales del clasicismo las “señoritas de la casa” debían aprender a pintar, escribir poemas, tejer y tocar el piano como cualidades necesarias para poder ser digna de conseguir esposo. 

Asimismo se conoce de algunas obras, no sólo en la música, que fueron escritas por mujeres y quedaron engavetadas o publicadas bajo seudónimos masculinos o publicadas por hombres cercanos a ellas.
En muchos casos como los de Fanny Mendelssohn –que publicó obras bajo el nombre de su hermano Felix- también se dice que ella tocaba el piano mucho mejor que su  hermano, cómo se iba a permitir en aquel momento que una mujer superara a un hombre públicamente en este caso ejecutando el piano.
Incluso creo que hoy día se sigue teniendo en el imaginario social representaciones compartidas de estereotipos que determinan conscientes o no ciertas actitudes o reacciones hacia ciertas cosas.

Sin embargo ahora la carga pesada del sexismo, al menos en el arte también la llevan los hombres, por ejemplo, ciertos instrumentos siguen siendo más tocado por mujeres que por hombres, como el arpa, cosa que también crea un mito alrededor del instrumento de ser “delicado”,  que no es así, el arpa puede llegar a ser muy versátil y por tanto tener momentos “bruscos” como cualquier otro instrumento. De alguna forma el piano también conservaba ese mito de ser delicado, porque era el instrumento, al igual que el arpa, de las señoritas, pero a estas alturas sabemos que el piano puede llegar a ser un pasto con rocío matutino y un volcán en erupción.
Al igual cuando veo una mujer contrabajista pienso en lo duro que ha de ser, porque al menos mis manos son muy pequeñas y finas y sufro tocando arpa, ¡imagínense contrabajo! Sin embargo, hay casos contrarios, hombres con manos pequeñas y finas, aunque aparte de todo es cuestión de querer y de sentirse lleno con lo que se haga.

No creo en la igualdad de género, no somos iguales y eso es lo que nos hace coexistir.
Creo firmemente en la capacidad de decidir y sobre todo en la oportunidad de poder elegir más allá de estereotipos culturales y muchas veces éstos son aspectos físicos y biológicos que condicionan esa elección, es bueno que se elija desde un punto sincero de cada quien consigo mismo, lo que quiere decir que si no se elige una cosa por ser estereotipada en femenino o masculino, que tampoco se elija por querer demostrar “una igualdad genérica” que termina por el contrario demostrando una desigualdad abismal.

Si cada quien elige sinceramente las igualdades de poder elegir, se van haciendo notorias; si tienes los ojos marrones, no necesitas decirlo.